Qué es una hernia cervical y cómo no dejar que te pare

María Plaza Carrasco

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Hace poco un paciente tras su visita al traumatólogo me llamó horrorizado porque su médico le había dejado claro que a sus 39 años su vida activa se había acabado a todos los niveles.

No ir al gimnasio, no correr, no jugar con sus hijos, no, no, no.

La idea era clara, ‘’ve olvidándote a partir de ahora de todo lo que implique esfuerzo físico porque tienes una hernia cervical.’’

Estos mensajes por desgracia a día de hoy siguen siendo muy comunes a pesar de que la evidencia nos dice a gritos que en muy pocas ocasiones la inactividad es una solución.

En esta entrada vengo a hablaros sobre qué es una hernia cervical y por qué coger estos mensajes con pinzas.

¿Qué es una hernia discal y por qué da tanto miedo?

Cuando hablamos de hernia cervical nos referimos a una exclusión del núcleo del disco intervertebral situado en la zona cervical. 

Te lo explico de forma más sencilla. 

La estructura principal de tu columna vertebral la forman las vértebras (el hueso) y el disco intervertebral (una especie de cartílago que se encuentra entre cada una de las vértebras.)

Este disco tiene un núcleo que se forma cuando todavía somos un feto muy pequeñito (alrededor de la semana 5) y nuestro sistema inmune exista (alrededor de la semana 14) . 

Parándome un segundo en el sistema inmune (los soldados que se encargan de protegerte ante infecciones), quiero que entiendas que este sistema va a reaccionar ante cualquier elemento ‘’externo’’, generalmente infecciones, provocando una inflamación, que es el campo de batalla, para echar a ese intruso que han entrado en tu cuerpo amenazando su equilibrio.

Y ahora bien, ¿qué tiene esto que ver con la hernia cervical?

La hernia cervical se produce cuando por alguna razón (degeneración por la edad o uso, alguna enfermedad concreta, algún accidente traumático para el cuello…) el disco intervertebral se deforma y su núcleo ‘’sale’’ del anillo que lo envolvía.

¿Por qué esto es tan dramático la mayoría de las veces?

Por dos razones principales:

  1. La razón mecánica. El disco intervertebral se encuentra muy cerca de la médula espinal y todas las raíces nerviosas que salen de ella para inervar todo el cuerpo (en el caso cervical principalmente hacia los brazos). Cuando este disco se deforma, en muchas ocasiones le toca directamente las narices a estos nervios que pasan por ahí, y el sistema nervioso, cómo no, se queja a lo grande pudiendo generar dolor, limitación de movimiento, hormigueo, pérdida de sensibilidad, pérdida de fuerza…

  2. Pero no todo queda aquí. Nos falta la razón química. Si recuerdas lo que te he contado antes, para esta segunda razón contamos con dos protagonistas, el sistema inmune y el núcleo intervertebral. El sistema inmune son esos soldados dispuestos a liarla (con inflamación) ante cualquier sustancia externa que consideren ‘’infecciosa’’ para nuestro cuerpo. Las zonas más importantes, como es la médula y las raíces nerviosas, cuentan con muchos de estos soldaditos dispuestos a atacar.¿Qué crees que pasará cuando estos soldaditos se encuentren por primera vez con la sustancia del núcleo del disco? Exacto, una gran sopa inflamatoria que todavía empeorará todos los síntomas que hemos nombrado antes.

¿Qué implica que la hernia pueda afectar a tu sistema nervioso?

Si la sangre llega al río, es decir, el sistema nervioso se ve afectado por esta hernia (cosa que pasa frecuentemente), los síntomas probablemente no se queden en la zona del cuello, sino que bajen a uno o incluso en ocasiones los dos brazos, provocando una sensibilización del sistema nerviosos periférico. Esto puede implicar:

  • Dolor en cualquier parte  del recorrido de los nervios afectados.
  • Pérdida de sensibilidad.
  • Pérdida de fuerza.
  • Hormigueo.
  • Sensación de calambre.
  • Posible alteración de todo aquello que implique sistema nervioso (casi todo vaya)-

¿Qué hacer ante una hernia cervical aguda?

Si has pasado o estás pasando por esto, sabrás lo devastadora e incapacitante que puede ser esta lesión. Se trata de una lesión importante cuya prioridad en el tratamiento es bajar lo antes posible la inflamación que está afectando al sistema nervioso para que el daño no sea irreversible.

Y sí, por desgracia, en casos muy graves es posible que queden secuelas a largo plazo tras este tipo de lesiones, pero por suerte no es lo más común.

En esos momentos de más dolor y más agudeza de síntomas, el reposo relativo de la zona es necesario, además de medidas farmacológicas que disminuyan la inflamación y la sensibilidad de la zona y del sistema nervioso. En estos momentos, reposo y caso al médico y al fisioterapeuta.

Pero,

¿debemos mantener ya ese reposos para siempre?

¿si tengo una hernia discal ya no podré volver a mi vida normal?

¿no puedo volver a hacer deporte?

Durante mucho tiempo, la hernia era sinónimo en muchos casos de discapacidad. Por prevención, se limitaba el movimiento para siempre y así se ‘’protegía’’ a la persona de pasar por lo mismo otra vez, ya que se asociaba la aparición de la hernia discal a un esfuerzo físico.

Sin embargo, la ciencia evoluciona y con ella nuestro conocimiento sobre este tema.

Ya te adelanto, que la inactividad pocas veces va a ser tu aliada a la hora de proteger tu salud.

¿Por qué el reposo absoluto no es una solución a largo plazo?

A pesar de que es cierto que ante una lesión grave, con un componente inflamatorio fuerte, como puede ser una hernia cervical, el reposo de la zona y darle permiso al cuerpo para su recuperación es fundamental. En contadísimas ocasiones es el reposo absoluto lo que tu cuerpo necesita. 

Cuando hablamos de reposo, la gran mayoría de los casos nos referimos a un reposo relativo.

Un reposo en el que se limitan las actividades que pueden irritar la zona lesionada pero que permite mantener el resto de zonas activas y móviles, y es que si no nos mantenemos activos dentro de las posibilidades que nos brinda cada lesión, en muchas ocasiones las consecuencias de la inmovilización van a ser incluso más negativas que la lesión en sí.

Mantenernos activos respetando las necesidades de la lesión te va a permitir:

  • Disminuir los efectos negativos de la inmovilización.
  • Mantener tu forma física.
  • Mejorar tu estado de ánimo.
  • Agilizar tu recuperación.
  • Favorecer la vascularización y recuperación de los tejidos.
  • Recuperar más rápidamente tu calidad de vida.

Para conseguir todos estos beneficios, la clave es tener una correcta guía de la mano de un profesional sanitario que te ayude y asista en tu recuperación. 

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Consigamos salir de la lesión más fuertes.

María Plaza Carrasco

Fisioterapeuta, Profesora de Pilates y Yoga. Enamorada y estudiosa del movimiento del cuerpo y de su capacidad para comunicarnos con el mundo. Comprometida con lo que me importa, intensa, cabezona y entusiasta. En ocasiones soy demasiado optimista con mi tiempo pero siempre preparada para disfrutar de cada minuto.

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